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Editorial: Neutralidad de la Red,… ¿y eso qué-es?

Editorial: Neutralidad de la Red,… ¿y eso qué-es?

La neutralidad de red es un principio propuesto para las redes de banda ancha de uso residencial (de las que Internet es el paradigma), y potencialmente aplicable a todas las redes de comunicación, que describe cuál debería ser el tratamiento del tráfico que circula a través de ellas.

La libertad de restricciones en las clases de equipamiento que pueden ser usadas y los modos de comunicación permitidos son algunos de los principios fundamentales de una red neutral.

No restringiría el contenido, sitios o plataformas, y la comunicación no estaría irrazonablemente degradada por otras comunicaciones. Esta serie de principios que aparentemente debería ser lo más extendido, tiene sorprendentemente diversos grupos que luchan por la regulación de esta neutralidad.

Los proveedores de servicio no deberían bloquear aplicaciones.

Desde el año 2000 diversos grupos que defienden ciertas normas y la neutralidad de la red han lanzado numerosas campañas con el fin de que los proveedores de servicio no bloqueen aplicaciones y proveedores (por ejemplo, páginas web), particularmente las usadas por la competencia de dichos proveedores.

Aseguran asimismo que las compañías de telecomunicaciones intentan imponer su modelo de servicio para conseguir beneficios aprovechándose del control que ejercen sobre el servicio, más que por demanda de sus servicios.

Otros aseguran que la neutralidad de la red es fundamental para preservar nuestras libertades. Vint Cerf, co-inventor del Protocolo de Internet, ha asegurado: “Internet se diseñó sin ningún guardián sobre nuevos contenidos o servicios. Se necesita una regla de neutralidad de red suave pero aplicable para que Internet continúe creciendo.”

La neutralidad, según defienden, va totalmente en contra de los principios de Internet.

Los que se oponen a la neutralidad, por su parte, llaman a las reglas de Neutralidad de la Red “una solución en busca de un problema” y consideran que las reglas de neutralidad de la red reducirían los incentivos para actualizar las redes y lanzar nuevas servicios de nueva generación. Otros consideran que cierta discriminación de alguna clase —especialmente para garantizar la “calidad del servicio”— no sólo no es negativa, sino deseable. Bob Kahn, coinventor del Protocolo de Internet, ha calificado de eslogan el término “neutralidad de la red“, y ha asegurado que se opone a establecerla, avisando que “nada interesante puede pasar dentro de la red” en el caso de que se apruebe tal neutralidad. “Si el objetivo es animar a la gente a construir nuevas capacidades, entonces alguien tiene que dirigir el camino para construir esa nueva capacidad, y probablemente sólo lo va a hacer en su red, no en la red de otros”.

¿Qué pensaría si, al abrir el grifo, saliera Coca-Cola en lugar de agua?

O mejor, ¿si la red eléctrica diera preferencia a unos electrodomésticos frente a otros, de modo que decidiera que la tostadora tiene prioridad frente al secador de pelo o el microondas? ¿Suena poco lógico? Bienvenido al posible futuro de la Web.

La Red transporta la información en paquetes de bits, de nodo en nodo hasta llegar a su destino. Desde que se hace clic con el ratón hasta que aparece el contenido deseado, los elementos que componen ese resultado se distribuyen por la Red de manera equitativa. La infraestructura no sabe qué tipo de contenido está trasladando. Todos deben ser iguales.

Durante 20 años se ha evitado que haya accesos de primera y de segunda, la esencia de Internet, desde su nacimiento, ha sido la igualdad entre los datos.

Una persona puede contratar una línea diferente, de 3 megas o 10, por ejemplo. Eso no es una ventaja competitiva. Puedes tener tuberías con más caudal pero el chorro no llegará antes que al resto. O al menos no debería tener prioridad en la cola de espera. Simplemente, cargará más rápido porque tendrá más ancho de banda.

La clave de la neutralidad de la Red consiste en que se mantenga la garantía de igualdad en el acceso al contenido, sin importar qué contenido sea, qué servicio se use para gestionar los datos o qué dispositivo con conexión haga la petición.

Finalmente, este debate abierto, solo lo pueden cerrar los políticos. Quienes tienen que decidir a quién sirven, empresas de telecomunicación o ciudadanos.

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